Peleas entre niños en las guarderías


Una vez que los niños comienzan a acudir a una guardería o escuela infantil también comienzan a socializar, con la parte buena que esto conlleva y con la parte negativa que tenemos que sufrir algunas veces, ya que surgen los primeros conflictos y peleas del niño con sus compañeros. Hay que saber llevar bien esta problemática desde el principio, confiar en la guardería o colegio para que resuelvan estos temas, y en última instancia y si el centro educativo no nos ha dado una solución, tomar las medidas oportunas. Lo que nunca debemos hacer es anticiparnos y actuar por nuestra cuenta antes de haber hablado con el profesor o responsable del centro.

Peleas entre niños en las guarderías En lo que refiere a los niños que acuden a guarderías de cero a tres años, los conflictos suelen ser en su mayor parte meramente anecdóticos: un niño que le ha quitado un juguete a otro, un arañazo, un empujón, un mordisco... Hay que darles la importancia que tienen, que es poca, no obstante debemos enseñar al niño a cómo afrontar la situación, dotándole de herramientas para resolver conflictos que le serán muy útiles en su vida adulta.

Un conflicto siempre tiene dos caras, la primera es la situación que se genera que implica un problema o una dificultad, provocando sentimientos negativos y de tensión. La segunda cara es la oportunidad de aprendizaje que los conflictos nos brindan a todas las personas desde edades muy tempranas, ayudando a desarrollar habilidades sociales de negociación, de empatía, respeto, escucha, toma de decisiones, etc.

¿Cuándo surgen las primeras peleas entre niños y cómo se materializan?

Los conflictos y peleas entre niños de edades iguales en las guarderías suelen comenzar alrededor del año de vida y siempre suelen estar ocasionados por el sentimiento de posesión tan grande que tienen a estas edades, es decir, la típica pelea por un juguete. Estas peleas se suelen materializar con mordiscos, arañazos, tortazos,  lanzamiento de objetos,  tirones  de  pelo,  golpes y patadas. Normalmente a estas edades, el niño suele esperar a que el cuidador esté despistado para pegar.

A partir de que el niño habla con cierta soltura, es decir, a partir de los dos años de edad más o menos, las agresiones físicas suelen ir acompañadas de agresiones verbales en forma de insultos. Los motivos siguen siendo los mismos a estas edades y las peleas siempre vienen originadas por la disputa por un objeto.

Es muy importante aprovechar los conflictos que surjan entre el niño y sus compañeros de la guardería y utilizarlos para enseñarles a enfrentarse a las diferentes situaciones que en la vida se les pueden presentar. Si consiguen desarrollar las habilidades necesarias para resolverlos de forma óptima y constructiva, dialogando y negociando, tendrán mucho camino recorrido en su aprendizaje social.

¿Por qué se pelean los niños entre uno y tres años?

Los niños entre uno y tres años no saben compartir, tanto en su casa como en la guardería, cuando ven algo que quieren directamente lo cogen, y si el objeto que quieren lo tiene otro niño en sus manos también lo harán, utilizando para ello si es necesario la fuerza.

Veamos a continuación algunos de los factores más importantes por los cuales los niños llegan a estos conflictos o peleas con otros niños de su misma edad:

Sobreprotección por parte de los padres

Cuando existe un exceso de protección, el niño tiene una baja tolerancia a la frustración, es decir, el niño está acostumbrado a que le den todo lo que pide en el mismo momento que lo pide y si alguna vez esto no ocurre utilizará todos los medios disponibles a su alcance para conseguirlo, desde la típica rabieta hasta pegar. A un niño que no se le niega nada en casa, al acudir a una guardería intentará comportarse igual y conseguir todo lo que quiere al precio que sea.

Sentimientos extremos de emoción y alegría

Muchas veces se confunde una agresión con un acto “demasiado efusivo”. Sobre todo esto ocurre en el caso de los niños más bebés, que no tienen todavía control de su motricidad ni control emocional, no sabiendo cómo deben canalizar las emociones fuertes.

Ausencia de expresión oral

Muchos niños de estas edades todavía no hablan y por lo tanto no pueden resolver los conflictos conversando. Es por ello que recurren a los actos físicos agresivos para mostrar que algo no les gusta o que no están de acuerdo.

Problemas de dentición

Muchas veces los mordiscos en las guarderías no están provocados porque el niño esté enfadado, sino que necesitan morder algo y si lo que tienen cerca es a un amiguito el resultado final es un niño con un mordisco en su brazo.

La costumbre

A menudo acostumbramos a nuestros hijos a que pegar es divertido, tirar del pelo o un cachete… De esta forma los niños ven normal cometer acciones de este tipo por las que nunca les han regañado en casa, e incluso, les han reído.

Egocentrismo

Un niño a estas edades es la antítesis de la empatía, no sabe ponerse en la piel de otro niño, no se preocupan por lo que pueda sentir su compañero, o por el daño que se le pueda hacer. Lo único importante es él mismo y que quiere ese juguete, por eso se lo arrebato a mi compañero, dándole igual las consecuencias.

¿Cómo actuar en caso de conflicto?

Hay que corregir estos comportamientos con firmeza pero sin dureza, evitando en todo momento enseñarles a que respondan a una agresión con otra.

En caso de conflicto o pelea podemos ayudar al niño utilizando diversas herramientas:

Dando ejemplo

Los niños imitan siempre a los adultos, por eso, si lo que queremos es que resuelvan sus conflictos de forma pacífica y dialogante, no deben vernos nunca gritar o utilizar la violencia. Debemos siempre utilizar el dialogo y la comunicación y buscar soluciones constructivas.

Utilizar los conflictos que surjan en el día a día

Cuando surja algún conflicto en casa lo podemos utilizar como ejemplo para explicarle al niño cuáles son las posibles soluciones y que vea que dialogando es cómo se solucionan las cosas y no por la fuerza. No hay que reñirle sólo si ha hecho algo mal, sino que también hay que ser constructivo y hay que explicarle cómo tiene que actuar la próxima vez.

Identificar y hablar sobre el conflicto

Hablar con el niño sobre lo que ha ocurrido, que nos explique cómo se siente, por qué ha pasado, y decirle cómo debería haber actuado para que sepa cómo hacerlo si le vuelve a ocurrir.

El descanso y la alimentación del niño

Muchas veces se genera mal carácter en el niño por problemas alimenticios o falta de descanso. Hay que observar sus hábitos alimenticios, cuántas horas duerme y si tiene un horario fijo para hacerlo. El desorden no es un buen aliado del buen comportamiento.

Evitar poner etiquetas

No conviene nunca poner etiquetas a niños como malos, pegones, etc. Ponerles etiquetas conlleva a que se identifiquen con ellas y a que repitan conductas.

El castigo

Si el comportamiento agresivo se suele repetir, hay que recurrir al castigo, el cual no debe ser desproporcionado, simplemente con retirar al niño de la zona de conflicto bastará, para que así se relaje.

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